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17 mar. 2014

Jugando a caballo ganador. La diferencia que marca la diferencia

Jugando a caballo ganador.
En esta historia os indico, que todos jugamos a ganar. Sí, la competición es un juego. Perderemos honradamente, lo importante es competir.
Entra dentro de lo típicamente correcto.
La cuestión está en si jugabas por participar o jugabas a ganar.

Pisar sobre seguro, pisar fuerte. Con la genialidad que se va a ganar y a conquistar la victoria.
En esta batalla del mundo de los negocios, como en el deporte o en las carreras de caballos no hay piedad.
Cuando salimos del estadio, todos somos amigos.
Y vuelta a empezar.
El pez grande se come al pez chico, indudable. Y el pez más rápido a los dos, en contadas ocasiones, porque el rápido al final se convierte en pez grande.
Los usuarios, los consumidores se basan en las emociones y son capaces de pagar un precio más alto, sólo por llevarse ese regalo, que en definitiva y haciendo números, nada más que el desplazamiento se lo lleva.

Por ello la maní o la opción consiste en estar

jugando a caballo ganador


Pongo un ejemplo tonto:

Tienes la tienda de al lado, compras un pollo que te cuesta 8,95 Euros.
Pero resulta que en el hiper a dos kilométros está a 7,95 Euros.
¡Oh! Qué barato.
Toma, es un euro, sólo un euro. Ahora si se lo das al gorrilla por aparcar o lo metes en el parquing, ya está más que cobrado.
Sí,  nos puede caer una maceta en la cabeza caminando.
Igual puede pasar si vamos en coche, una avería, el tiempo que perdemos.

¿A qué jugamos? Estamos

Jugando a caballo ganador


aunque perdamos.

Porque el asunto de llevar escrita la compra, es otra historia. Si no vas comío o comía y llevas lo justo para pagar, resulta que "como ya he ido" he comprado unas madalenas, unos dulces y un poco de fruta para después del pollo, y resulta que lo que has montado es un "pollo".

Que malafollá tengo. No no estoy ni mucho menos enfadado. Son los contrastes curiosos del consumidor, en la que hemos caído todo. Desde luego tenemos nuestros "vicios" pequeños y antes de la tableta de cristal ipad, me como  la tableta de chocolate, que me gusta más
No entiendo esta política, pero la respeto.
Como defensor del pequeño comercio decía que este no podía competir, entre otras cosas porque tampoco compiten en las facilidades que le dan los entes públicos a las grandes cadenas, sobre todo en tema de contratación y de horarios.

[Tweet "Una competencia leal es como una carrera de caballos, a veces una décima de segundo hace que un caballo sea campeón. En la vida y en los negocios, es la diferencia que marca la diferencia."]

Hay que salir a ganar y sobre todo a participar, a mejorar para la siguiente ronda, hay que estar jugando a caballo ganador

Parece entonces que hablaramos de un patito feo o de un caballo, el caballo el malo.

Es por ello por lo que al final, no siempre ganan los buenos de la película.

Tranquil@s

Aquí os dejo una historia que escribí un día de inspiración.

Esta es la historia de un cowboy de Canadá. Es un día frío de diciembre, lluvioso, me interno desde la pradera con

el caballo el malo


[caption id="" align="aligncenter" width="265"]jugando a caballo ganador Jugando a caballo ganador. La diferencia que marca la diferencia[/caption]



y voy a mi rancho que en verdad es más bien una vieja cabaña. Me cojo un barreño de agua que he calentado previamente y me doy un baño caliente con jabón neutro. Que no sé porque le llamarán neutro, será porque no lleva perfume, conservantes ni colorantes.
Me seco profundamente y me acicalo para parecer un gigoló.
Me rasuro el pecho y me afeito la poca barba que llevo en el rostro.
Estoy vestido con mi camisa de cuadros, mi pantalón tejano y mis botos con espuelas.
El sombrero a la cabeza. Y me río del mundo con

el caballo el malo


mi caballo, que echa unos esputos que da asco. No sé porque compraría este caballo por un puñadillo de dólares.
Cabalgo al poblado, a la taberna de Tom, donde están las chicas más hermosas del contorno, fumo un habano que Willy ha traído, y me acerco a la rubia con lunaritos en la cara.
Tomamos dos birras (no dos birrias) y bailamos entre la intensa humareda que deja el tabaco.
El mundo se abre a mis pies y la chica, no sé que pensará si le gusto o no, porque pensar está pensando. Yo, como tonto, ya me hago ilusiones, mientras apuro un pitillo y termino la cerveza.
Afuera hace frío y mi ilusión es que se viniera a casa a ver televisión o a jugar a algo. Encendería la chimenea de la cabaña y no pararíamos de charlar toda la noche. Mientras pienso en coger el coche, que el mío es uno de esos, ya lo he dicho, una camionera Ford. Y el caballo lo dejaría en la cuadra de Joe por no tener que cabalgar con la noche fría. Y es que aquí, cerca de Vancouver, el frío te acecha en el bosque.



Derechos de foto: Flickr
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