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10 jul. 2013

Reflotar o Desarruinar la pyme

Reflotar
o Desarruinar la pyme.
Ahí está el dilema.
Con el largo recorrido que han hecho algunas pymes, pequeñas, medianas, tiendas de autónomos o personales, llega el momento triste y lamentable del cierre. Unas han hecho todo lo posible por aguantar el chaparrón de la crisis. Otras aún adaptándose a las nuevas formas de comunicación en las redes sociales no han conseguido "conectar" con ese tipo de audiencia. Entonces emerge un problema de difícil cura:

Reflotar


o Desarruinar.

reflotarLa opción no es halagüeña para ninguna de las dos decisiones.
Considero reflotar cuando existe una serie de condicionantes que pueden hacer viable el proyecto, bien con una renegociación del Pasivo (lo que debe la empresa), con un estudio de viabilidad o con un concurso de acreedores (eufemismo para hablar claramente de la suspensión de pagos).
Claro la decisión es difícil de tomar ante todo por la pérdida de confianza que genera en proveedores y en clientes. Y la decisión de reflotar o desarruinar hace demorar las cosas.
Si se hace bien y se  consigue reflotar, "los muebles" han quedado severamente modificados. Las reglas de juego de la empresa saneada cambian, no necesariamente, aunque sí, la mayoría de las veces.
En cambio  Desarruinar lo que estás haciendo es poner parches para que la empresa siga hasta ahora, pero con una refinanciación, aquí en términos financieros en Coste de Oportunidad son elevadísimos. Por ello esta palabra no es muy común en términos financieros y empresariales.
La última opción, la de desarruinar, es brevemente sacar de una suspensión de pagos inminente, con la diferencia de que la empresa consigue una financiación extraordinaria, para salvarse. Aunque no la veo, es totalmente aceptable por quien o quienes llevan el timón de la pyme, del negocio, de la empresa, del taller. Ahora sí, ha de jugar con los elementos de Reflotar.

Reflotar


es algo más duro, pero si se coge a tiempo, es una oportunidad para replantearse la continuación de la empresa, eso sí abandonando privilegios y prerrogativas del personal y de los directivos, viendo qué gastos fijos pueden ser superfluos, programando las compras.
En definitiva, la decisión está en la mano de cada pyme, la de Reflotar o la de Desarruinar.

P.D. Quiero anunciarte, estimado lector, que voy a seguir con la elaboración del plan de negocio, aunque por los calores que estamos padeciendo, puede ser que se prorrogue algún post.

Derechos de foto: el circuito cerrado
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