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12 mar. 2010

LA FELICIDAD DE LAS MOSCAS

En un bonito paisaje tricolor vivian un manojo de moscas que al llegar al invierno, se guardaban en los poros de las paredes de cal, de esas paredes abombadas o con protuberancias. Ya no saldrían hasta bien entrada la primavera y el verano y al estilo de las moscas cojoneras se posan en nuestros bigotes, platos, orejas, ojos. Eso es el cariño que nos tienen.
Para nosotros es una molestia.
Hay otras moscas que por lo que sea no se han podido desplazar y permanecen el invierno con nosotros.
Cuando podemos todo guisque las echa a la rue. ¡Qué penita!
Hay una anécdota oriental en la que dos moscas caen a un tarro de cristal que tenía leche.
Una le dice a la otra: aquí morimos.
Pero una insistió. La otra no hizo nada y se murió. En cambio la primera empezó a removerse y la leche la convirtió en mantequilla y se salvó.
¡Qué felices son las moscas optimistas!
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